MACARENA GÓMEZ ACTRIZ

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BIO

por Guillermo Ortiz, crítico de cine

Los súcubos son diablos de apariencia femenina enviados a la tierra para seducir a los humanos y ofrecerles un paseo por el lado salvaje. Así es Macarena Gómez. Cualquiera que la haya visto lo sabe: un pequeño diablo inocente en la comedia, un poderoso diablo contenido en el drama, un diablo muy, muy enfadado cuando le toca hacer cine de género y un diablo perfectamente sobrio si lo que se pide es elegancia y pausa. Como dice el actor y director Zoe Berriartúa: “Si no tienes un buen guión, no entiendes cómo dirigir a los actores, careces de efectos especiales, o simplemente quieres lograr un buen trabajo, llama a Macarena, ella hará el resto”.

Algo así debió de pensar Benito Zambrano cuando la eligió para su serie “Padre Coraje” (2002) ofreciéndole el papel de “la Susi”, una prostituta yonqui fácilmente manejable, y lo mismo vería Eduardo Chapero-Jackson cuando quiso que protagonizara “Contracuerpo” (2005), su primer y premiadísimo cortometraje, que trata el tema de la anorexia con una valentía poco habitual. Además de personajes “límite”, Macarena ha probado la comedia ochentera como una rockstar algo ingenua en “El Calentito” (2005), la época y el verso en “La dama boba” (2006), recibiendo el premio a mejor actriz de reparto en el Festival de Cine de Málaga, y se ha atrevido incluso con la excentricidad protagonizando “Sexykiller” (2007), una asesina en serie de lo más refinada que le valió el premio a mejor actriz en el Festival de Oporto. Todo esto sin olvidar uno de sus mejores y más prestigiosos papeles: la protagonista de “Para entrar a vivir”, el thriller de Jaume Balagueró.

Esta variedad hace que el director Paco Cabezas la defina como “Camaleónica”, aunque más que un adjetivo, se trata de una manera de entender la profesión: “Ninguna actriz actual se atrevería con personajes tan distintos, con tanta fuerza, convicción y química brutal con la cámara, que es lo que al fin y al cabo tienen los grandes actores y es imposible de aprender”, añade.

Manolo Iborra desvela las reglas del juego: “Macarena pertenece al grupo de actrices que me gustan, las llamadas actrices intuitivas, imaginativas, excéntricas… Diferimos en muchos gustos pero cuando digo “acción”, esa actriz con la que se supone que no tengo nada que ver hace cosas que me parten el alma”.

Como buen diablo, Macarena se ha tenido que preparar antes de conseguir sus pequeños cuernos y tridente. En todos los campos. Un súcubo necesita seducir mediante la danza y ahí está su carrera de ballet clásico, necesita moverse sobre el escenario con soltura, de ahí su carrera en la prestigiosa Rose Brudford College of Speech and Drama de Londres, y, si su mirada penetrante, a veces juguetona, no basta, se maneja en francés y domina el inglés a la perfección.

No se queda ahí la cosa: actuar es tomar riesgos. Actuar es lanzarse de un avión en vuelo sin saber si el paracaídas se abrirá. Por eso, Macarena es paracaidista, titulada. Por eso, Macarena es buceadora. Por eso, por una cuestión de riesgo y valor, Macarena lo sabe todo del combate armado y desarmado. La esgrima y la defensa personal (krav maga). Cosechar y cosechar para acabar recogiendo: en pocos años ha conquistado la televisión, ha ganado incontables premios en el mundo del cortometraje y ha participado en algunas de las películas más interesantes de los últimos años.

Obviamente, la cosa no se va a quedar aquí. Si algo perturba de Macarena, si algo nos inquieta de su mirada es precisamente la intensidad que transmite. Delante y detrás de la cámara. ¿Qué nos queda esperar? Tenemos dos opciones: apartar los ojos o mantener retadores su mirada. Si elegimos la primera, nos arrepentiremos siempre. Si elegimos la segunda, ya sabemos lo que pasará: hará con nosotros lo que quiera. Ese es exactamente su trabajo.